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Volumen 20 - Número 1 - Enero-Marzo 2012
Hoy me estreno

Montserrat Bausili Portabella
Residente del Centre d'Oftalmologia Barraquer

Son las 8h. Es pronto y para empezar bien el día es imprescindible un café caliente. Estoy en la cafetería de la clínica, el móvil cerca y con el volumen alto por si suena. Lo miro varias veces, esperando la primera llamada. Soy consciente que estoy nerviosa, expectante.

El teléfono no ha sonado ni una sola vez y ya son las 9h. Se ha acabado la sesión clínica, así que me dirijo al despacho de Banco de Ojos donde Carme, Sandra y Xavier están atareados ordenando los papeles de las donaciones de la noche anterior. Los saludo y les pido si hay alguna donación. Levantan los ojos de los papeles para decirme que esté tranquila, que me avisarán si hay algo. Sus palabras no me tranquilizan en absoluto aunque su tono de voz es amable y condescendiente, saben que es mi primer día.

Media hora después suena el teléfono. La verdad es que yo pensaba que estaba sin cobertura, pero no, finalmente me comunican la primera donación de la que debo hacerme cargo yo sola. Es un hombre de 59 años que está en el Tanatorio de Olot, ya tienen el certificado de defunción y la autorización familiar firmada. Me han llamado un taxi para ir a la Garrotxa.

Antes de irme, tengo que pasar por el despacho de Banco de Ojos. Me sudan un poco las manos. Me doy cuenta cuando recojo todos los papeles: los datos del difunto con toda la información que tengo que rellenar (causa y hora de defunción, revisión física, país de origen… y lo más importante: hora de la enucleación), una pequeña encuesta médica para la familia y el papel para hacer la factura al taxista. Después voy a quirófano donde cojo la maleta con todo el material. Sé que está todo lo necesario, pero lo reviso bien para no dejarme nada.

A las 10h el taxi número 093 ya está en la puerta de la Clínica. Cuando ve el papel, el taxista es consciente de que hoy le ha tocado la lotería. Una carrera hasta Olot le ha resuelto la caja. Pienso que tendré tiempo para repasar mentalmente todo lo que debo hacer pero cuando alguien sube a un taxi, nunca puede saber con que se encontrará.

Con los taxistas se puede filosofar sobre la vida y el conductor del taxi número 093 tiene justamente esa intención. Hablamos y hablamos, pero también tengo tiempo para leer algún capítulo del Kanski y escuchar alguna canción en la radio antes de llegar al Tanatorio.

Son las 12h cuando bajo del taxi. Antes de entrar en el tanatorio me aliso el vestido y agarro con fuerza la manilla de la maleta. Estoy lista para hacer mi primera “enu” sola, sin supervisión de la “R grande”. Me preparo todo el material y hago la extracción de sangre. Mientras trabajo voy recordando las palabras de Marta, mi R mayor, que siempre me decía: ¡tenemos que ser muy metódicos! Por lo tanto, concentración máxima y pulso firme.

Finalmente estoy sola delante de Jaume. Él está tumbado en la mesa de tanatopraxia con los ojos cerrados e inmóvil. Y yo allí de pie, tensionada, concentrada y -porqué no decirlo- impresionada. Había visto muchos muertos durante la carrera, pero en ese momento me doy cuenta que nunca te acabas de acostumbrar.

En 20 minutos tengo el trabajo hecho. Mientras vuelvo a Barcelona repaso lo que queda y deseo interiormente que los análisis de sangre sean negativos y la córnea esté en buen estado. Quizás las trasplanten esta misma tarde. Quiero ir rápido -el taxista hace lo que puede- ya que cuanto antes los puedan conservar, estarán en mejor estado.

A las 2 y media, ya en la clínica, dejo los ojos para que Olga, la técnico de conservación, les haga los especulares y puedan ver si son válidos para la cirugía de esa tarde. Tengo el estómago que me llega a los pies. Desde el café de las 8 de la mañana no he tomado nada. Como un bocadillo rápido y cojo de nuevo un taxi pues tengo tres donaciones más esperando. Me toca hacer la ruta Badalona-Manresa-Tarragona. Por la mañana no sonaba el teléfono, ahora parece que no vaya a parar nunca!

Son las 4 de la madrugada. Estoy muy dormida cuando el teléfono suena. Lo oigo lejos, entre sueños aunque lo tengo pegado a la oreja, justo encima de la mesita de noche. Con un solo ojo abierto descuelgo y balbuceo un… ¿¿Si?? Oigo una voz firme que dice: Buenas noches doctora… Se me activa el cerebro inmediatamente, tengo una nueva donación. El difunto ha muerto hace 2 horas, tengo que llegar al Tanatorio de Collserola en una hora. Me visto más rápido que nunca. Me lavo la cara con agua muy fría y comienzo activando la misma rutina: taxi, maleta y rumbo a Collserola.

Subiendo a Collserola huelo a tierra mojada. Me apacigua pensar que, tan cerca de la ciudad, tenemos ese bosque que actúa de pulmón de Barcelona. Llego a las 5 de la madrugada y el vigilante me abre la puerta con un cordial saludo aún siendo una hora tan intempestiva. Su amable “Buenas noches doctora” va acompañado de una petición y un aviso. La petición es obvia: el número de colegiado y la copia del consentimiento de la familia. El aviso es sorprendente: ¡están grabando una película en la sala de “tanatos”!

No veo ni cámaras ni actores, solo otro cuerpo inerte esperándome una vez más. A las 8 de la mañana, ya dentro del ascensor de mi casa duermo de pie los 20 segundos que tarda en subir de la planta baja al cuarto piso. Me cuesta abrir la puerta, parece que la llave y la cerradura no son parejas. En la cama, respiro hondo y me siento aliviada; mi primera guardia ha sido dura pero emocionante. Me duermo pensando en las guardias siguientes, ¡quien sabe que anécdotas me esperan los próximos dos años!