Volumen 21 - Suplemento 1 - Enero - Marzo 2013
Prólogo

L. Arias Barquet1, M. Forcadell Solé2
1Jefe de Sección de Retina médico-quirúrgica. Hospital Universitario de Bellvitge. Profesor Asociado de la Universidad de Barcelona.
2Jefe de Servicio oftalmología.  Hospital de Tortosa Verge de la Cinta. Vicepresidente de la Sociedad Catalana de Oftalmología 2008-2012

El edema macular diabético (EMD) constituye uno de los principales retos terapéuticos a los que se enfrenta el oftalmólogo en su práctica clínica habitual. Suele ser bilateral y afectar a pacientes relativamente jóvenes muchos de los cuales están todavía en edad laboral.

Asimismo, el control metabólico de estos pacientes es frecuentemente deficiente, pero no por ello debemos de dejar de tratar su EMD aunque les insistamos en la importancia de que mejoren sus niveles de hemoglobina glicosilada, tensión arterial y lípidos.

Hasta hace poco, la fotocoagulación láser era el único tratamiento disponible a pesar de sus conocidas limitaciones. La introducción de los fármacos anti-VEGF (“Vascular Endothelial Growth Factor”) ha supuesto una auténtica revolución en el campo de la retina médica en general y en la retinopatía diabética en particular. Concretamente, las inyecciones intravítreas de ranibizumab han demostrado una gran eficacia en el tratamiento del EMD. Este hecho se ha podido constatar en diferentes ensayos clínicos de alto nivel de evidencia científica, donde ranibizumab siempre se ha mostrado muy superior al láser en monoterapia. Cabe destacar que el efecto beneficioso sobre la agudeza visual (AV) de las inyecciones de ranibizumab ha sido independiente del tipo de EMD, focal o difuso, y de si el paciente había recibido o no tratamiento previo.

Sin embargo, quedan muchas cuestiones pendientes de respuesta. En primer lugar, desconocemos el régimen de tratamiento idóneo para estos pacientes. Las inyecciones mensuales fijas suponen una carga asistencial y económica insoportable para un sistema sanitario público en apuros. Los regímenes a demanda o PRN (“Pro Re Nata”) con controles estrictos permiten disminuir el número de tratamientos pero no el de visitas, y los laxos comprometen los buenos resultados visuales alcanzados al inicio del tratamiento. Los regímenes tipo “Treat and Extend” permiten reducir visitas pero no tratamientos y además son poco populares en nuestro país. Por otro lado, desconocemos si la inhibición sostenida del VEGF en estos pacientes puede acarrear a largo plazo efectos secundarios relevantes tanto a nivel ocular como sistémico.

Por todos estos motivos, muchos oftalmólogos son partidarios de utilizar terapias de combinación en el tratamiento del EMD. Inicialmente parece lógico intentar alcanzar el máximo nivel de AV posible con inyecciones intravítreas de ranibizumab. Posteriormente, se podrían emplear láser y corticoides intravítreos para intentar mantener la AV con menor necesidad de retratamientos.

Asimismo, no debemos olvidar el papel destacado de la moderna cirugía vitreorretiniana en el tratamiento del EMD traccional o de las complicaciones de la retinopatía diabética, como la hemorragia vítrea o el desprendimiento de retina traccional.

Todos estos temas sometidos a constantes cambios a medida de que disponemos de mayor información de estudios clínicos merecen especial atención y seguimiento. Por ello este monográfico constituye una valiosa herramienta para el oftalmólogo interesado en el manejo del paciente con EMD, tanto si lo trata como sino, ya que la derivación a tiempo para iniciar el tratamiento de forma precoz es otro aspecto crucial que permite optimizar los resultados obtenidos.

Escritos por reconocidos especialistas de nuestro país, los distintos capítulos de la obra constituyen una actualización de los temas más relevantes relacionados con el tratamiento de la retinopatía diabética y el EMD. Desde aquí quisiera agradecer a los autores su esfuerzo y dedicación sin los cuales esta obra no hubiera sido posible.

También querría reconocer el acierto de la “Societat Catalana d’Oftalmologia” en permitir que este monográfico aparezca bajo su tutela, beneficiando así a todos sus socios y numerosos seguidores. Cualquier sociedad científica debería tener como prioridad el promover el conocimiento y el flujo de información entre sus afiliados, fomentando el espíritu crítico y el afán de mejora. Mi agradecimiento para toda su junta directiva y en especial para su presidente, el Dr. Julio de la Cámara.